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Polinización de cultivos: la importancia de la abeja europea

Polinización de cultivos: la importancia de la abeja europea

Polinización de cultivos: la importancia de la abeja europea

Uno de los servicios ecosistémicos fundamentales en los agroecosistemas es la polinización de cultivos. Muchos animales, sobre todo los insectos en nuestras latitudes, juegan un papel vital en la reproducción de las plantas al facilitar la polinización de numerosas especies vegetales (Gordón et al., 2012).
En la Península Ibérica, los polinizadores más importantes son los abejorros (Bombus sp.), las abejas solitarias (Osmia sp.) y, sobre todo, la abeja europea (Apis mellifera) (Gordón et al., 2012).

Más allá de la importancia vital que tienen lo polinizadores en los ecosistemas silvestres, es su papel en la polinización de los cultivos el que los hace fundamentales para el desarrollo humano. Se estima que el valor global de la acción de los polinizadores sobre los cultivos es de 253.000 millones de euros (Lautenbach et al., 2012).
Pero no todos los cultivos dependen de organismos polinizadores. Los cereales o el olivo, por citar sólo dos de los ejemplos más comunes, son anemófilos. Pero en casos particulares, como el del almendro o el manzano, la dependencia de los polinizadores es total (Klein et al., 2007). El grado de dependencia de cada cultivo de los polinizadores se ha denominado “Dependence on insect pollination” (Klein et al., 2007; Gallai & Vaissiere, 2009), “Factor de dependencia de los polinizadores” o Dc.


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De izquierda a derecha: Abejas europeas (A.mellifera), abejorro (Bombus sp.), abeja solitaria (Osmia sp.) y sírfido (sirphidae)


La superficie de cultivos dependientes de polinizadores en los países desarrollados aumentó de 18,2% en 1961, a 34,9% en 2006 (Aizen, 2008), mientras que muchos organismos polinizadores se encuentran en declive (Winfree, 2008), dependiendo actualmente el 90% de la polinización de los cultivos de A. mellifera. Esta dependencia monoespecífica incrementa el riesgo de sufrir una crisis alimentaria a nivel mundial (Aizen, 2008), más aún cuando las poblaciones de A. mellifera están decayendo en todo el planeta, debido principalmente a patógenos como Varroa o Nosema (Genersch et ál., 2010; Higes et ál., 2013 ), al uso de extendido de plaguicidas como los neonicotinoides, o al efecto combinado de ambos factores (Alaux, 2010), en lo que se ha denominado como Colony Collapse Disorder (CCD) (vanEngelsdorp, 2009).

Además, la supervivencia y el desarrollo de las colonias de A. mellifera dependen de la regularidad, calidad y cantidad de néctar y polen (Wraten et al. 2012), algo que se ve limitado en monocultivos intensivos (Hanley et al. 2011) y que podría compensarse con un manejo correcto, manteniendo, por ejemplo, zonas sin cultivar.

Diversos estudios han demostrado que la presencia de vegetación natural y parches sin cultivar en agroecosistemas aumenta la abundancia de polinizadores, y con ellos, la producción de los cultivos aledaños (Kremen et al., 2004; Morandin & Winston, 2006), lo que puede estimular su conservación (Morandin & Winston, 2006).
Parece por tanto indispensable para muchos agroecosistemas que este servicio funcione correctamente, más aún  si, como documentaron Wratten et al., (2012), la mejora del hábitat de los polinizadores beneficia de forma secundaria a otros servicios ecosistémicos, como control biológico de plagas, la protección del suelo o la calidad del agua.

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