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Doñana: el problema no es el fuego, es el agua.

Doñana: el problema no es el fuego, es el agua.

Doñana: el problema no es el fuego, es el agua.

El reciente incendio que ha calcinado 8.486 hectáreas (según las últimas estimaciones del Infoca) de pinar y monte mediterráneo en el entorno de Doñana, ha dejado tras de sí un paisaje completamente desolador. Tanto en medios de comunicación tradicionales como en redes sociales, hemos asistido a una avalancha de imágenes que mostraban la naturaleza devastadora de este incendio. Por el puesto de mando instalado en Mazagón, han desfilado diferentes responsables políticos, tanto de la administración estatal como de la autonómica, para conocer la situación del incendio y hacerse la foto de rigor. Se han mandado mensajes en cadena por whatsapp alarmando sobre una posible recalificación del terreno quemado o se ha hecho viral una petición en la plataforma change.org para pedir que no se recalifique el terreno y se recupere el bosque quemado. Entendemos la alarma generada, pero ¿realmente hay motivos para ello?

doñana quemada

Pinares afectados por el incendio de Doñana de junio 2017

La regeneración de los ecosistemas mediterráneos después de un incendio.

Aún es pronto para valorar los efectos que ha tenido el incendio sobre los ecosistemas afectados. En su mayoría, la superficie forestal calcinada estaba ocupada por un pinar de pino piñonero (Pinus pinea), fruto de una reforestación intensiva ocurrida a mediados del siglo XX.

La zona afectada, si bien de un gran valor ambiental, no eran las de mayor calidad del parque ni eran críticas para la conservación de especies amenazadas[1]. Pero se sabe que el fuego ha afectado a áreas de alto valor ecológico como el Abalario y el Médano del Asperillo, zonas protegidas desde 1989 dentro del Parque Natural de Doñana[2], ubicadas dentro del manto eólico litoral.

La vegetación mediterránea tiene capacidad para regenerarse después de los incendios, puesto que muchas de las especies mediterráneas pueden rebrotar o germinar después del fuego[3]. Así, podemos distinguir dos grandes grupos de plantas en función de su estrategia para regenerarse después de un incendio: especies rebrotadoras y especies germinadoras o semilleras.

Las especies rebrotadoras, son especies capaces de sobrevivir y rebrotar después del incendio, protegiéndose mediante estructuras lignificadas, corteza o el mismo suelo. El ejemplo más patente es el del alcornoque (Quercus suber), ya que el preciado corcho se trata de una estrategia de protección frente al fuego. Entre las especies presentes en el entorno de Doñana, encontramos un nutrido grupo de especies que tienen capacidad de rebrotar, como el citado alcornoque, la coscoja (Quercus coccifera) o el lentisco (Pistacia lentiscus).

Las especies germinadoras o semilleras, carecen sin embargo de estructuras que les permitan protegerse del fuego, pero producen un banco de semillas protegido, ya sea por una capa externa dura, enterradas en el suelo o gracias a estructuras lignificadas[4]. Estas semillas germinan después del incendio permitiendo la persistencia de las poblaciones tras el fuego. En el entorno de Doñana encontramos muchas especies que son capaces de germinar después de un incendio, e incluso que se ven favorecidas por esta perturbación, como el pino piñonero, el romero (Rosmarinus officinalis) o las jaras (Cistus sp.).  Hay algunas especies que tienen incluso tanto la capacidad de rebrotar como la de germinar después de un incendio, como el labiérnago negro (Phillyrea latifolia), presente también en la zona incendiada. Por el contrario, hay otras especies que no tienen capacidad ni de rebrotar ni de germinar tras el incendio, siendo la sabina marina (Juniperus phoenicea subsp. turbinata) el caso más representativo de los presentes en la zona afectada por el incendio.

cañas rebrotando

Cañaveral rebrotando tras un incendio

Como vemos, gran parte del monte mediterráneo ha desarrollado estrategias para regenerarse de forma natural después de un incendio. Incluso, en determinados casos, los incendios pueden favorecer la diversidad de fauna y flora al favorecer la existencia de hábitats más heterogéneos[5]. No obstante, los ecosistemas necesitan un tiempo para recuperarse tras un incendio. Si la frecuencia con la que ocurren los incendios en un mismo territorio aumenta, algunas especies no se pueden regenerar adecuadamente, lo que puede significar una pérdida de biodiversidad, un incremento de procesos erosivos y, en general, una disminución de calidad de paisaje [4].

¿Es indispensable reforestar la superficie quemada en Doñana?

No. O al menos no necesariamente. En primer lugar hay que realizar una valoración exhaustiva de los daños causados por el fuego, y después estudiar qué medidas hay que adoptar para restaurar la zona afectada según los objetivos que se marquen. Pero restaurar es mucho más que plantar árboles, y no siempre es necesario reforestar, existiendo muchos ejemplos de restauración ecológica en la que no se recurre a la plantación de árboles, como nos contaban los compañeros de www.creandoredes.es en este artículo[6].

El coordinador institucional del CSIC Andalucía, Miguel Ángel Ferrer, entrevistado en el día de ayer, cuando se luchaba aún por controlar el último foco, decía que “aunque parezca que lo más lógico sería reforestar, sin embargo, lo ideal sería ahora diseñar el paisaje de otra manera, más heterogéneo, con bosquetes aislados y zonas de matorral intermedias de modo que el paisaje sea más biodiverso y menos proclive a los incendios”.

En efecto, este incendio puede ser una oportunidad para la mejora ecológica del área afectada, donde buena parte de ella ha estado ocupada en las últimas décadas por plantaciones intensivas de pino piñonero.

Sin embargo, hay que tener en cuenta que existe una explotación tradicional sobre estos pinares para la obtención del piñón. En Moguer, municipio donde se originó el incendio, existían 9.543 ha de pinares, de los cuales 5.113 ha eran pinares públicos[7] que el ayuntamiento sacaba cada año a subasta y de los que se obtenían cerca de 1.700.000 kilos de piña[8]. Existe además un fenómeno de presión sobre estos pinares, habiéndose recalificado en fechas recientes como zona de uso agrícola 654 ha de monte público. Dicha superficie ya llevaba tiempo siendo cultivada ilegalmente y el pleno del Ayuntamiento de Moguer aprobó su descatalogación [9]. Un sector de la piña bien equilibrado puede suponer un freno a la expansión de los cultivos bajo plástico.

Se debe por tanto encontrar un equilibrio, buscar un diseño del monte quemado que permita la existencia de esta actividad económica tradicional, pero potenciando las funciones ecológicas, creando ecosistemas más diversos y menos proclives a grandes incendios que pudieran afectar el corazón de Doñana.

No es el fuego, es el agua.

Miles de fotos de árboles quemados. Cientos de titulares en los periódicos, en las cadenas de televisión o en la radio. “Doñana se quema”. “Salvemos Doñana”. Mensajes en cadena compartidos de un móvil a otro de forma viral. Miles de publicaciones en redes sociales llorando a Doñana. Pero el problema de Doñana no es el fuego, sino el agua.

El entorno de Doñana que se ha visto afectado por el incendio, se recuperará más pronto que tarde. Algunas especies volverán a rebrotar, otras nuevas germinarán con viejas semillas y la fauna que pudo huir del incendio hacia zonas no afectadas, volverá a colonizar un suelo aún lleno de cenizas. Pero mientras esto sucede, el verdadero problema de Doñana, el puñal que está desangrando a Doñana poco a poco hasta llevarlo a una situación de no retorno, seguirá pasando desapercibido para gran parte de esas personas que ahora se alarman por el fuego.

Doñana se está secando. Doñana lleva años secándose. La primavera del año 2016 fue la más seca y cálida de la que se tenían registros en Andalucía. Hasta que llegó la primavera de este 2017, y superó los registros de la anterior[10]. Sí, es indudable que los efectos del cambio climático se harán cada vez más palpables si no le ponemos remedio. Pero no es el cambio cilmático el que está desangrando a Doñana, sino la sobrexplotación de los acuíferos de Doñana por parte de una agricultura que ha crecido sin control desde los años 80. A un crecimiento sin control de la agricultura, hay que unir la extracción de aguas subterráneas para el abastecimiento de la urbanización de Matalascañas que ya empezó a afectar el acuífero desde la década de los 70[11].

Existen un millar de pozos ilegales que captan agua de esta reserva subterránea, y alrededor de 1.500 hectáreas de cultivo ilegales, que según WWF se elevarían hasta las 3000, estimándose que llega a Doñana tan sólo el 20% del agua que le llegaba antes[12].

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Imagen de la campaña lanzada por WWF en 2016

Algunos informes alertan de que Doñana tardaría entre 30 y 60 años en recuperarse de esta sobrexplotación actual, que está convirtiendo en temporales lagunas que históricamente han permanecido con agua durante todo el año, o que directamente ha desecado lagunas como la Laguna del Brezo o el Charco del Toro.

La situación es tan grave que incluso la UNESCO ha amenazada con incluir a Doñana en la lista de Patrimonio de la Humanidad en peligro si no se toman medidas urgentes para frenar la sobrexplotación del acuífero antes de 2018[13].

 

¿Qué podemos hacer?

Debemos exigir a las administraciones competentes que tomen las medidas necesarias para acabar con la sobrexplotación: cierre de pozos y fincas ilegales, plan de recuperación del acuífero, plan anual de extracciones del acuífero, etc.

Pero también tenemos un poder como consumidores. Durante una conferencia en Madrid, escuché al agroecólogo chileno Miguel Altieri decir que debemos convertir nuestros carros de la compra en nuestros carros de combate. Y esa es la clave. Debemos ejercer un consumo responsable y no consumir fresas u otros productos hortofrutícolas del entorno de Doñana mientras que estos no cuenten con una certificación que nos asegure que han sido producidos bajo unas condiciones de respeto absoluto a su entorno natural. Toca trabajar con aquellos productores concienciados con una producción sostenible y potenciar aquellas marcas que quieran cuidar Doñana y su entorno, diferenciándolas claramente de aquellas que se siguen produciendo de forma ilegal.

No te preocupes por el fuego. Si realmente te preocupa Doñana, si quieres evitar que el humedal más importante de Europa y una de las joyas mundiales de la biodiversidad acabe convertido en un desierto, preocúpate por el agua.

[1] http://www.eldiario.es/andalucia/enabierto/Incendio-Donana_6_658694158.html

[2] https://www.seo.org/2017/06/26/seobirdlife-constata-que-el-incendio-de-donana-ha-afectado-a-zonas-del-parque-natural-de-alto-valor-ecologico/

[3] http://www3.uah.es/dep_ecologia_pcastro/Master/2008T2perturbac/Lloret_Ecobosquemedit_2004.pdf

[4] https://www.uv.es/jgpausas/papers/Pausas2004CEAM.pdf

[5] http://blog.creaf.cat/es/noticias/los-incendios-pueden-favorecer-la-diversidad-de-fauna-y-flora/

[6] http://www.creandoredes.es/2015/07/17/restaurar-es-mas-que-plantar-arboles/

[7] http://www.juntadeandalucia.es/medioambiente/portal_web/web/ _ambientales/montes/usos_y_aprov/jornada_pina/Plan%20estrategico/plan_estrategico_borrador.pdf

[8] http://www.huelvainformacion.es/provincia/sector-factura-millones-ano_0_459554317.html

[9] http://www.aytomoguer.es/es/area-de-edicion-noticias-tramites-varios-y-eventos/noticias/EL-PLENO-SOLICITA-LA-DESCATALOGACION-DE-654-HAS.-PARA-CONSOLIDAR-SU-USO-AGRICOLA/

[10] http://elpais.com/elpais/2017/06/22/ciencia/1498119079_763135.html

[11] http://ccaa.elpais.com/ccaa/2013/05/29/andalucia/1369855429_285350.html
[12] http://awsassets.wwf.es/downloads/estado_del_agua_donana_wwf.pdf

[13] http://www.eldiario.es/andalucia/Ultimatum-Unesco-Espana-Donana-patrimonio_0_645685544.html

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